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February 1st, 2010 · No Comments

Cuando China despierte el mundo se estremecer?, hab? a dicho Napole?n. China parece que empez? a despertarse del sue?o de la historia y de la pesadilla del comunismo a comienzos de los a?os ochenta del siglo pasado y lo que hizo fue ponerse a crecer econ?micamente a un ritmo no igualado por ning?n otro pa? s durante tanto tiempo, porque la carrera contin?a. Lo hizo con un capitalismo sui generis, envidia de otros subdesarrollados autoritarios, que quisieran la zanahoria sin soltar el palo. El palo es un r?gimen nominalmente comunista, con partido ?nico que pretende una continuidad incons?til con sus fuentes marxistas-leninistas y hasta una cierta rehabilitaci?n de la figura de Mao, contra el que se levant? el original h? brido que es el sistema actual. Nada es f?cil de explicar en ese extra?o conglomerado, pero la persistencia de la pata pol??tica del desp?tico r?gimen que tantas vidas cost? la justifican sus responsables en t?rminos de estabilidad, considerada como una condici?n necesaria para el progreso econ?mico cuyos ?xitos son tan visibles, pero de manera menos cacareada mas mucho m?s importante, como un requisito indispensable para la supervivencia misma de China. En su milenaria historia el inmenso pa? s ha tenido muchos momentos de descomposici?n y las, de otra manera, incontrolables tensiones de la salida del comunismo y del crecimiento desbocado, con la exacerbaci?n de las desigualdades, podr? an dar al traste con la unidad del Estado. Tras este razonamiento pr?ctico se ocultan los intereses de la oligarqu? a que a trav?s del partido gobierna el pa? s, benefici?ndose de sus ?xitos econ?micos, y la incapacidad de encontrar otra forma de legitimaci?n que no los destruya a ellos mismos y socave la sacrosanta estabilidad contra la que se volver? an si sintieran la amenaza de verse despose? dos. Nada garantiza, claro est?, que este equilibrio pueda mantenerse indefinidamente y no hay ning?n atisbo de que los que tienen la sart?n por el mango piensen en la evoluci?n de todo el tinglado.

El despertar econ?mico lleva aparejado el renacimiento de antiguas reivindicaciones y la ambici?n a un papel internacional conmensurable con su nueva situaci?n. La antig?edad en China se mide en miles de a?os y esa viej??sima historia nos dice que en todas las fases de unidad y esplendor el imperio interno ejerci? una efectiva hegemon? a en toda la Asia oriental y suroriental. Los l? deres actuales son conscientes de lo poco vendible que es esa reivindicaci?n actualmente y eluden declaraciones hirientes, dejando que las realidades del poder dejen sentir su peso de manera eficaz. M?s cautos, si cabe, se muestran con respecto a un futuro m?s lejano y a un ?mbito planetario, pero los pasos que van dando son inequ? vocos y por lejana que pueda estar la meta China pretende ya desde ahora no ser menos que nadie y sin duda, cuando llegue el momento, estar en condiciones de ser m?s que cualquiera. Lo primero, la recuperaci?n de posiciones hist?ricas regionales, significa apartar de hecho todo obst?culo que le puede impedir asegurarse la cort?s pleites? a de todos sus vecinos y el disfrute de una t?cita esfera de influencia. Esto va de suyo y el objetivo diplom?tico ser? a ir poco a poco dej?ndolo fuera del ?mbito de lo negociable.

El papel a escala mundial va para m?s largo y no se plantea m?s que de forma negativa: no se le puede exigir a China que renuncie a nada que otros tengan. Ha dado ya muchos pasos en el ancho mundo. La penetraci?n econ?mica en ?frica puede ya calificarse de espectacular y progresa m?s que adecuadamente en Am?rica Latina. Pero su mayor ?xito puede que pase desapercibido por demasiado obvio. No se trata de implantaci?n geogr?fica, sino mental. Es ya lugar com?n en todos los continentes, islas e islotes que China es n?mero dos y avanzando continuamente posiciones en direcci?n al n?mero uno. Algo ha cambiado en el mundo cuando grandes prebostes americanos tanto de la ciencia pol? tica y los estudios internacionales como del ejercicio del poder dicen ya que nada de G-7, G-8 o G-20. Que lo que hace falta en el mundo, o sea, para Washington, es un G-2.

Imbuido de ese esp? ritu, Obama ha llevado su legendario encanto a pasear por la Gran Muralla y sus aleda?os, s?lo para comprobar lo insensibles que son los gobernantes de la zona a lo que fascina a las masas. Aunque los derechos humanos hayan recibido una ligera menci?n en sus manifestaciones p?blicas, cara a su propia galer? a, Obama se los ha tragado en el trato con los jerifaltes, que consideran el tema de p?simo gusto. La prioridad de las prioridades era la cuesti?n de la moneda, que las autoridades de Pek? n manipulan descaradamente para mantener siempre muy por debajo de lo que deber? a ser su verdadero valor de mercado en una cotizaci?n libre. Esta es probablemente la segunda causa mundial de la actual crisis econ?mica y un gran obst?culo a la recuperaci?n en los Estados Unidos, pero ni en ?ste ni en otros puntos las buenas palabras de Obama han merecido concesiones por parte de sus interlocutores. El viaje s?lo ha servido para confirmar esa posici?n de n?mero dos que Washington confiere al pa? s asi?tico, sin que ?ste haya tenido que poner nada por su parte.

GEES, Grupo de Estudios Estrat?gicos.

Tags: Arte · Economía · Política · Sociología

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